Historia de los caminos rurales en la épocas doradas en Carrillo…

El Chicopipe (Carrillo):

A mediados del siglo pasado, allá por los años 40’s, el viejo camino entre Belén y Filadelfia se volvía intransitable por las fuertes lluvias del invierno, formándose un famoso atolladero donde se pegaban por igual cristianos, bestias y carretas. Chicopipe era un viejo carretero valiente y decidido, muy respetado entre quienes urgían ser trasladados de un pueblo al otro, porque era el único que atravesaba sin mayores dificultades aquel infernal atolladero. Por su extraordinaria sagacidad no faltaron quienes le atribuían alguna ayuda sobrenatural, porque tenía pacto con el Sisimique o pronunciaba alguna oración maléfica que le había facilitado la bruja de Cartagena.

Una noche del más desbastador octubre que se recuerda, Chicopipe venía como era su costumbre, guiando su famosa carreta de puerto Ballena rumbo a Belén, y sin pedir ayuda de nadie, pasó feliz por Filadelfia, dejando asombrados a los vecinos, quienes a escondidas lo atisbaban con la colilla del ojo hasta la proximidad del monumental atolladero, seguros que esta vez se le caería la buena fama de carretero en medio del barrial descomunal. Bajo aquel diluvio y en medio de la oscuridad, algunos testigos vieron cómo una extraña fuerza lo levantaba por los aires junto con la carreta enchopada y los bueyes, saltando como por arte de magia hasta el otro lado del atolladero, donde sólo acataron escuchar a lo lejos unos horribles lamentos.

Al poco tiempo Chicopipe desapareció, y jamás se supo nada más de él. Corrió el chisme entre no pocas personas respetables de Filadelfia que el mismitico demonio se lo había llevado a su compañía en cuerpo y alma. Fue así entonces como nació con esta leyenda el decir de la gente, que en los viernes más lluviosos del invierno, bajo los espabeles donde quedaba aquel histórico atolladero, un enorme coyote negro acostumbra cruzar por allí, con aullidos que son como lamentos; es el alma descarriada del Chicopipe lamentándose su pacto con el Sisimique.

Siempre encontramos en las comunidades algunas pocas personas extraordinarias no precisamente por sus méritos propios o cualidades sino por ser favorecidos por algún poder superior o por el partido político en el poder. Acostumbran presumir delante de los demás, malgastar el dinero que no es de ellos y tienen arrebatos de orgullo que los llevan a endiosarse. Tarde o temprano estos super héroes falsos terminan siendo destronados o caen enredados en las mismas telarañas que tejieron, porque la sabiduría popular siempre desenmascara a quienes pretendieron excederse más allá de su verdadero tamaño y sus limitadas fuerzas.

Diario Digital El Independiente, Edgar Cantón

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