RECORDANDO NUESTRAS AÑORANZAS DEL FAMOSO ”PUERTO BALLENA”…

La imagen puede contener: exterior y agua

IMAGEN ILUSTRATIVA. 

Antes de que se construyera la carretera Interamericana, no existía otra manera más expedita de trasladarse de Guanacaste al Valle Central que no fuera por vía marítima hasta Puntarenas; el resto del trayecto se hacía por tierra. Esta realidad, que hoy nos parece tan lejana, todavía sucedía durante los años cuarenta del siglo pasado.

Los puertos de Bolsón, en Santa Cruz, y Ballena, en Carrillo, separados nada más por el río Bolsón, eran quizá la principal arteria por la que salía la producción agrícola y ganadera de la bajura guanacasteca. Los productos eran trasladados por este afluente del río Tempisque hasta el golfo de Nicoya y de ahí hasta Puntarenas.

Pero estos puertos también sirvieron de enlace para el traslado de personas entre el norte y el centro del país, integrando así a la población nacional. Hoy, aparte del recuerdo en la población anciana de Bolsón, es poco lo que queda como testimonio de estos puertos. Por eso, Mayela Cascante, académica del Centro de Estudios Generales de la Universidad Nacional (UNA), se propuso el proyecto de extensión Rescate y Conservación de los puertos Ballena y Bolsón como patrimonio histórico de los cantones de Santa Cruz y Carrillo de Guanacaste.

Su objetivo primordial es, en principio, rescatar la historia de estos puertos y el rol preponderante que jugaron en el auge del comercio local y nacional, especialmente durante el período comprendido entre 1870 y 1951. Pero el proyecto es más ambicioso y pretende desembocar en el rescate del puente que unía los dos puertos y una antigua casa para convertirla en un museo de cultura popular.

Para cumplir con este objetivo, Cascante ha venido trabajando con los ancianos de las comunidades del distrito de Ortega de Santa Cruz, en la recuperación histórica oral de la forma como operaban estos puertos y la dinámica que se generaba alrededor de éstos.

Se tiene certeza de que en ambos puertos existían bodegas y lugares de espera donde carreteros y pasajeros se reunían los martes y viernes mientras llegaban las lanchas, algunas veces entrada la noche o en la madrugada, dependiendo de la hora en que las mareas llenaban el río Tempisque. “Era en ese ambiente donde se producía el verdadero sabor guanacasteco, especialmente en noches de luna llena, pues la gente llevaba guitarras, y se reunía a cantar o contar historias”, comenta Cascante.

Patrimonio histórico

Buena parte del trabajo ya se ha adelantado, pues tanto la casa de Pedro Nolasco Cascante Piña como el puente fueron declarados patrimonio histórico por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. La casa se construyó hace 200 años y el puente en 1927, durante la administración de Ricardo Jiménez Oreamuno.

La casa se encuentra en un estado crítico de deterioro y su reforzamiento es urgente. El propósito del proyecto es convertir este inmueble en el Museo de Cultura Popular Pedro Nolasco Cascante Piña, un proyecto que se trabajaría en conjunto con las escuelas del lugar.

En el lugar donde se ubica hoy esta casa antigua existió, según se desprende de la investigación de Cascante, uno de los primeros asentamientos del país, llamado La Esperanza. Con el proyecto del museo se busca rescatar parte de la historia de la comunidad, así como reconstruir la forma particular como se negociaba la venta del ganado y los productos agrícolas de la región. Para ello existe un legado de documentos en donde se revela esta información.

Del puente solo queda la estructura metálica. Su abandono empezó a acelerarse tras la apertura de la carretera Interamericana y culminó en 1965 con la desaparición del servicio de cabotaje. De ahí la propuesta para restaurarlo y convertirlo en un sitio de interés histórico y turístico para los visitantes.

Ya de por sí las comunidades de Ortega y Filadelfia, compuestas por unos 3000 habitantes, tienen un atractivo para el visitante, pues es aquí donde se celebra la tradicional “lagarteada”, todos los viernes santos. Además, el espectro de proyección turística y oportunidades de empleo que se lograría con la restauración y conservación de estos sitios es muy amplio y serviría de complemento a las únicas labores agrícolas de la zona, como la corta de caña y de melón.

Adicionalmente, se recuperaría la identidad cultural de estas comunidades por medio de talleres que se ofrecerán posteriormente.

Se espera que este proyecto contribuya también al rescate de otros puertos o embarcaderos de la zona, como el de río Charco, exclusivo para cerdos y ganado, o el de Puerto Jesús, los cuales también fueron de vital importancia para el comercio de la región. 

Esta es una verdadera historia de nuestros antepasados, digna de rescatar y nuestro medio por ser orgullosamente Guanacasteco, trata de recopilar historias de los verdaderos luchadores de aquellas épocas.

Diario Digital El Independiente. Edgar Cantón 

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