El Río Tempisque: Un gigante que muere silenciosamente!!

rio

Fuente:Desastre ambiental Bagaces.

Como diría Diriá: “¡tan bien que estábamos, y nos llegó el hombre civilizado!”.

En el año 1970, en las clases de Estudios Sociales que se impartían en las escuelas, se enseñaba que el río más largo de Costa Rica era el Río Grande de Térraba, pero el más caudaloso y grande era el “¡Hermoso Río Tempisque, Papaaá!”.

Por aquellos años apenas comenzaban a llegar los grandes productores de diferentes cosas.

Pero todo había comenzado con la ganadería. Entonces los tractores de oruga rugían en las arboledas de las llanuras, volteando a diestra y siniestra todo lo que encontraban a su paso. Se plantó luego una sabana de jaragua y se pinceló el paisaje con sementales brahman y vacas que parían por toda la provincia, convirtiendo en ganadero a todo aquel que poseyera un sombrero y una pareja de estos ejemplares.

El río resistió la tala de su cuenca, con apenas la baja en el caudal, que le causó la evaporación de las aguas de lluvia en las llanuras, que ahora no lograban llegar a su cauce, porque se elevaban en vapores en los campos que quedaron descubiertos al inclemente sol de la provincia.
Pero entonces llegaron los grandes agricultores:
Ellos trajeron las siembras de caña, algodón, sorgo, arroz, melones…
Sacaron los hatos de brahman y las tierras se volvieron enormes sembradíos esperando las lluvias.

Pero algunos años, las lluvias no llegaron en la cantidad que le hacía falta a  los grandes sembradíos y entonces los agricultores grandes, le reclamaron el agua a los ríos.

En 1975, cada vez que uno cruzaba el puente antiguo, el “Hermoso Río Tempisque” le ostentaba sus cien metros de anchura y su portentoso caudal.

Sin embargo, río arriba en las haciendas del Pelón de la Altura, La Cueva, Los Ahogados, La Flor, ya se gestaba la ruina del caudaloso Río Tempisque.

Río Tempisque cerca de su lugar de nacimiento en las faldas del volcán Orisí en el Cantón de La Cruz.
Siembras de Caña de azúcar a gran escala en las Haciendas al norte de Liberia a las orillas del río Tempisque.

Son muchas las haciendas productoras de caña, que se encuentran antes del puente grande que está en Guardia. Proyectos agrícolas, que utilizan sus aguas de forma indiscriminada, porque nadie los controla. Esta sobre explotación del caudal del majestuoso Río Tempisque, lo ha convertido, a la vuelta de 30 años, en un rito más.

Y ni hablar de lo que fue sucediendo años después, cuando los productores a gran escala, se ubicaron  río abajo, en la bajura. Las haciendas de Catsa (Central Azucarera del Tempisque), Azucarera El Viejo y el Pelón de la Bajura, se apoderaron de sus aguas con tomas que extraen  inauditas cantidades de litros de agua por segundo.

Pero la avaricia es irracional y sediciosa, porque no conformes con sacarle al Río hasta el alma, se ensañan con su cauce, extrayendo materiales de construcción en cantidades industriales, de forma clandestina.

Pero ahí no acaba el drama del pobre río. En esta fotografía satelital del año 2017, podemos observar lo que viene quedando del caudal marcado con una línea azul a la par del río, y luego como literalmente desaparece entre las extensas plantaciones de arroz, caña y melones de las haciendas productoras a gran escala.

Los pequeños productores se ven obligados a realizar presas artesanales, para obtener un poco de agua y en algunos lugares, lo que antes fue el enorme cauce de un caudaloso río, hoy son riveras resecas a la orilla de un diezmado riito.

Más adelante, vuelven a recogerse las aguas sobre el cauce, pero ya contaminadas con todos los desechos químicos provenientes de los sembradíos.

Lo que llega al mar en su ancha desembocadura es un atol contaminado, que la gravedad devuelve al cauce, después de ser secuestrado y utilizado sin misericordia en los grandes sembradíos de estas productoras. Al final de su camino, el río recobra un poco de su antigua gloria, gracias a los ríos Belén, Bolsón, Diriá y Bebedero, que ya contiene dentro de él, AL RÍO PIEDRAS, EL RÍO AL QUE QUERÍA LLEGAR DESDE QUE SALIMOS EN ESTE VIAJE POR DESASTRES ECOLÓGICOS, QUE COMENZAMOS EN EL LEJANO LAGO ARENAL.

José Palma Villalobos, defensor del Río Tempisque, exponiendo las verdades acerca de un “gigante que se muere”.

Y como diría Diriá, una tarde que se sentó, cerca de la desembocadura del Río Bebedero, a tomarse unas chichas heladas, recién sacadas del Río Tempisque, con su vecino y amigo el Cacique Corobocí : “Estos hombres “civilizados”, mejor si hubieran quedado donde estaban”.

Diario Digital El Independiente,Edgar Canton.

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