Las hormigas de Nandayure. Para nuestros amigos que nos han solicitado leyendas.

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Una viejecita de Santa Rita de Nandayure contaba esta leyenda de su abuela, que a su vez le había escuchado a la abuela de la abuela de esta. En cierta ocasión en que la bella princesa chorotega Nayuribe regresaba de uno de sus frecuentes viajes por las alturas de los cerros de Maquenco y Las Camas, lugares con una exquisita vista hacia el mar, donde por horas de horas la princesa se quedaba extasiada  contemplando la lejanía, sucedió que al llegar a su palenque en Beda, capital del señorío chorotega para antes de la conquista, encontró sus cosas revueltas y a sus numerosas esclavas husmeando sus joyas y vestidas con su misma ropa y en un alboroto singular, como nunca antes lo habían hecho.

Indignada por lo acaecido montó en cólera y arrojó de su presencia a las servidoras infieles que tan mal uso hacían de su libertad en la ausencia de su señora. Mantlatl, la jefe de todas las siervas de la princesa, había sido recomendada para ese puesto por el mismo cacique Nambí, y al verse despedida fue a quejarse en su presencia por lo que consideraba una afrenta a su nombradía por parte de la princesa, logrando que el bondadoso cacique la retornara a su puesto.

Al verla de nuevo en su presencia, la princesa Nayuribe montó en cólera con el fallo de su pariente y señor, y aduciendo una grave ofensa a su dignidad, se retiró a la selva profunda, donde invocó al Espíritu Creador para pedirle el oportuno consejo en este momento de confusión. Y sucedió que el Gran Espíritu, que vela tiernamente por sus hijos e hijas chorotegas y tenía en gran estimación a su sierva Nayuribe, le dio el poder de transformar a su antojo la apariencia humana de sus rebeldes servidoras.

Con la bendición divina Nayuribe regresó a su tribu, y empleó el poder de lo alto contra las abusivas jóvenes de su séquito, convirtiéndolas en hormigas zompopas. De momento disfrutó aquella transformación, y cuando sintió que ya habían aprendido la lección, un poco consternada y triste, se fue de nuevo a pedir en el monte al Gran Espíritu otro poder para volverlas a su estado humano, pero el deseo se le negó, bajo la sentencia que así seguirían hasta tanto aquellas malas criaturas pagaran sus abusos, con trabajo compartido y buenas acciones.

Desde aquellos tiempos existe en toda la región de Nandayure una clase especial de hormigas coloradas y culonas, únicas en su especie, que ponen sus nidos cerca de los sembradíos y tienen la virtud de adivinar los buenos y malos pensamientos que se esconden dentro del alma de la gente, picando y molestando los cultivos de todo aquel que se llega a la comunidad con malas intenciones. Cualquier agricultor que venga con zanganadas o malas intenciones está condenado a dejar Nandayure, porque las hormigas de Nayuribe jamás lo dejarán prosperar.

Aunque es sabido que la armonía y el buen trato deben reinar en todas las comunidades, la verdad es que siempre hay personas malintencionadas y malvadas que buscan sólo su provecho personal, pasando si es necesario por encima de los demás y superándose a costas del dolor, la fama y la pobreza ajena. Como la conciencia que les carcome y no les deja dormir en paz, las hormigas Zompopas de Nayuribe nos recuerdan la eterna lección del respeto: nunca hacerle a los demás lo que no nos gusta que nos hagan.

Diario Digital El Independiente. Edgar Cantón

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